sábado, 6 de febrero de 2016

Conviviendo con el autismo



Cuando nos dieron el diagnóstico de Juani, yo ya estaba preparada para oírlo. Desde hacía mucho tiempo venía notando que había algo diferente, que Juani era distinto.
Así que cuando tuve en mis manos el informe con el diagnóstico, diría que hasta sentí alivio. Mucha gente me decía, "no es nada", "es chico todavía", "Fulanito no habló hasta los 3 años!" y cosas por el estilo, todo con muy buena intensión por supuesto, pero yo sabía que nada de  eso era cierto para mi hijo.

En fin, ya pasó. Pero para lo que no estaba preparada, era para lo que venía después del diagnóstico; el tramiterío INTERMINABLE, las consultas médicas AGOTADORAS para Juani y para nosotros, la plata que se fue todo el año pasado porque la obra social todavía no aprobó los presupuestos, más el día a día de nuestra realidad familiar.
No puedo decir las veces que lloré de pena, rabia y frustración. La verdad, no es fácil criar a tres hijos con diferentes problemas de salud.

Por otra parte, cuando estoy tranquila, no veo todo tan negro. Soy capaz de ver, de apreciar las cosas buenas que me tocaron en la vida.
Cada uno de mis hijos es una bendición,
cada uno de ellos, de alguna manera, me salvó la vida.
Si no fuese por ellos mi vida sería un desastre en serio, o por lo menos muy aburrida y sin sentido.
Eso lo sé.






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